Poner en valor
Hace algún tiempo, aunque no demasiado - tal vez 4 ó 5 años - en una interesante reunión oí por vez primera la expresión con la que se titula este trabajo. Me llamó mucho la atención y seguí con interés la exposición que hacía el - para mí - padre de ese concepto que él lo utilizaba para hacer saber que había muchas cosas importantes que pasaban desapercibidas porque no se las hacía ver, porque se las mantenía en el anonimato o en un plano discreto, quizá el de su entorno del que formaba parte y que, por una u otras razones, nadie se preocupaba de hacer destacar aquello que realmente lo mereciera. Esa persona se refería a edificios y a las calles en las que estaban situados desde algunos siglos atrás, porque su profesión de arquitecto le llevaba a ver en casas, plazas y calles la señal de la Historia.
Señalaba, con acierto, que aquello que vale hay que hacerlo notar porque muchos no se dan cuenta de ello y no tienen la satisfacción de disfrutar de lo que es valioso, de lo que ayuda a respetar y cuidar lo que no debe desaparecer y que hay que hacer que otros lleguen a conocerlo, a que no lo ignoren, a que forme parte activa de su cultura, de esa que por razón de origen se tiene obligación inexcusable de proclamar y de proyectar hacia el futuro. A todo ello le llamaba poner en valor. Después de oírle he visto que hay mucho que poner en valor. No sólo edificios, plazas y rincones de ciudades y pueblos de nuestro país, pues aunque ello es una parte importante de la cultura no lo es menos cuanto se refiere al campo de las ideas.
El ser humano tiene obligación de dar a conocer el valor de la verdad. Ha de hacerlo sin esperar a ocasiones solemnes o especiales, sino que ha de procurar hacerlo en todo momento; en el quehacer de su vida, por corriente que ésta pueda parecer que es. Pondrá en valor su vida haciendo bien - todo lo bien que pueda - aquello que debe hacer, aquello que la verdad demanda a toda persona y a ella - a esa persona en particular - de forma concreta. Hay que vivir responsablemente, no a golpe de capricho personal o de los que otros puedan sugerir o, menos aún, imponer. Poner en valor la verdad de la vida, no admite componendas.
No se trata de imponer criterios propios y tampoco de rechazar, por sistema, lo que se ofrezca, sino de obrar siempre de acuerdo con lo que el verdadero valor de la vida humana demanda a cada persona, que no es otra cosa que vivir en la libertad de la verdad, aunque ello cueste mucho. El valor la libertad de la verdad está por encima de cualquier tasa.
Poner en valor la actuación de una persona en la vida no es el resultado de la comparación con la de otra persona, ni de los proyectos que cada cual sustente o defienda. Una persona, cualquiera, debe ofrecer siempre y libremente el amor y servicio a la verdad.
Manuel de la Hera Pacheco.- 9.Octubre.2006

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