Han pasado cinco años

Durante los cinco años transcurridos desde aquél 11 de Septiembre de 2001, en el que la inmensa ciudad de Nueva York tembló y se horrorizó ante la tragedia que se abatió sobre ella, no ha habido día en el que no se haya recordado, en todo el mundo y de una u otra forma, aquél bárbaro ataque así como las consecuencias que de él se derivaron y otras nuevas que siguen apareciendo sin solución de continuidad. Parece cómo si las explosiones motivadas por el impacto de los aviones sobre las Torres Gemelas no hubieran terminado aún y que las llamas siguen vivas, ardientes y avasalladoras como el viento del interior del desierto. Las quemaduras siguen doliendo en aquellas personas que las recibieron y que, a pesar de ellas, consiguieron seguir con vida llena de dolor. Otras quemaduras se mantienen en el ánimo de quienes recibieron el impacto virtual de aquella brutal y asesina insensatez.

Cinco años durante los cuales se tomaron decisiones importantes motivadas por aquél ataque a la ciudad de Nueva York. Siguen vivas, todavía, las consecuencias de esas decisiones y éstas son objeto de análisis, con nuevos datos y con nuevas visiones de posibles acciones por parte de quienes se estima que son los actores principales en un pretendido escenario mundial. Ya se sabe que un mismo escenario llega a cansar, por muy interesante e importante que sea lo que en él está teniendo lugar. Se impone cambiar el decorado para que el efecto cansancio desaparezca y pueda seguir la acción teniendo como fondo el paisaje de otras latitudes y longitudes, dando la impresión de que es algo nuevo, capaz de remover el hastío de lo que se viene viendo desde hace tiempo. Se quieren novedades; las que sean.

Esas novedades aparecerán y puede que más de una llegue a ser tremendamente dura y alarmante, como lo fue aquello que ocurrió en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, hace ya cinco años, y que se consideró inesperada, fuera de toda lógica y razón. Darán lugar a escenas trágicas que se mantendrán diáfanas a la vista de millones y millones de observadores y que motivarán, de nuevo, consideraciones y razonamientos que ya se hicieron entonces, hace cinco años, cuando tembló la ciudad de Nueva York. Se pensará, por unos, que no se aprendió nada de aquello, mientras que otros apreciarán ventajas en lo logrado.

No habrá entonces, como ahora tampoco lo hay, concordancia en las opiniones de los que analizan cuanto sucede. Tal vez sea mucha la variedad de cuanto acontece y hasta llamativa e interesante la presentación de las causas que, en cierta medida, aparecen como justificativas de esos hechos; y los análisis siguen y siguen apareciendo a la luz pública, aunque parte de ellos quede en reserva ante posibles contingencias desfavorables.

Esa situación no parece que sea la más conveniente para que exista en el mundo la paz que tanto se invoca y a la que, sin embargo, no se proporciona el mismo fundamento por unos y otros. Han pasado cinco años desde aquél día horrible en Nueva York. ¿Qué se ha hecho desde entonces y qué se piensa hacer?.

Manuel de la Hera Pacheco.- 11.Septiembre.2006