El tono de los reproches
Pobre de la persona que se considere perfecta. Llegará el momento en que se dará cuenta de los errores que comete a diario. Pequeños errores, si se quiere, pero que dificultan en alguna medida la labor que se ha de hacer, con el consiguiente perjuicio para terceros. Si se tiene noción clara de lo que es obrar con justicia se rectificará de forma inmediata, con objeto de que la conducta se oriente bien y para reparar los daños que se hayan causado. Pero no siempre se sigue esa norma y ello motiva que los reproches lleguen de todas partes y en particular de quienes perciben que se daña a sus intereses morales y materiales. Si, a pesar de ello, se persiste en mantener esa actitud injusta en el obrar, el tono de los reproches se elevará y se mantendrá creciente hasta tanto que se rectifique lo que se venía haciendo.
Es de desear, siempre, que las personas tengan iniciativas, aunque algunas puedan tener poca base pues habrá ocasión de corregir sus defectos si se atienden las indicaciones correctivas que puedan hacerse en su momento. Lo malo es no atender esas señales y seguir un camino en el que se han señalado peligros y es malo también no tener en cuenta el tono de los reproches que hay en el ambiente ya que, de alguna forma, señalan un estado de opinión contrario a lo que se viene haciendo. En esas condiciones ¿no es prudente, acaso, parar lo que se esté haciendo y reflexionar detenidamente sobre las razones que se aducen por quienes reprochan?. Reflexionar y dialogar serenamente. Puede que tengan alguna razón.
Cuando el tono de los reproches es elevado y se mantiene en el tiempo, de forma que cada día se inicia y termina en una continua sucesión de argumentos con los que se descalifica la actuación de un determinado grupo de la sociedad, a los que se da respuesta con otra serie de reproches fuera del tono que corresponde a un diálogo de personas sensatas, el ánimo se entristece y se duele ante tan lamentable situación. ¿Qué se puede esperar de tal estado de relación entre unos y otros?. Sería un grave error ignorar que tal situación existe y viene siendo una grave equivocación el propiciar la división de la sociedad en dos bandos.
Raro es el país en el que no exista tal estado de cosas, aunque en algunos no tienen la misma difusión que en otros, e incluso se da también entre bloques de países que sustentan ideas diferentes sobre el desarrollo de la sociedad mundial. Es un estado de cosas en el que todo el mundo está inmerso y, por ello, debe ser contemplado al mismo tiempo. La inmigración, el terrorismo, el desarrollo de los pueblos, las enfermedades, el hambre, la cultura personal, el sentido profundo de la vida..., todo ello pide que se acaben los reproches y que se trabaje con decisión y armonía entre todos.
El tono de los reproches, los de unos y los de otros, debe disminuir porque es una insensatez mantener ese pugilato de reconvenciones. Urge trabajar en serio y con lucidez.
Manuel de la Hera Pacheco.- 4.Octubre.2006

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