21 Junio 2007
Los diez mandamientos de los conductores y conductoras
El decálogo del Conductor, publicado por el Vaticano.
1. No matarás.
2. La carretera sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal.
3. Cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos.
4. Sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente.
5. El automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado.
6. Convence con caridad a los jóvenes y a los que ya no lo son a que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo.
7. Brinda apoyo a las familias de las víctimas de los accidentes.
8. Reúne a la víctima con un automovilista agresor en un momento oportuno para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón.
9. En la carretera tutela al más débil.
10. Siéntete tu mismo responsable de los demás
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21 Junio 2007
Hombres de principios
Jorge Enrique Mújica
jemujica@legionaries.org
Artículo de www.conoze.com y www.forumlibertas.com
Lo trágico en una sociedad no es que falten verdaderos principios
sino que no haya quienes estén dispuestos a vivirlos. ¿De qué serviría que existieran, conocer sus conceptos, saber en qué consisten, si no hay en quien cobren vida, si no hay quien los ejemplifique? De hecho, su conocimiento presupone más la práctica que la teoría. Sin embargo, en un tiempo como el que nos ha tocado vivir, todavía siguen floreciendo rayos de luz que interpelan a los hombres de hoy, que nos espolean a descubrir y querer hacerlos vida. Son seres humanos que han antepuesto la coherencia y unas convicciones nacidas del diálogo armónico entre la fe y la razón a intereses egoístas, al conservar el buen nombre, la reputación e incluso el puesto de trabajo o hasta entradas de dinero.
El trono o el aborto
Uno de los ejemplos más conocidos que mejor denotan la personalidad política y la autenticidad en la vivencia de sólidas convicciones lo tenemos en el rey Balduino. El rey de los belgas rechazó sancionar el texto legislativo que regulaba la introducción del aborto en su país. Entre el 3 y el 5 de abril de 1990 decidió suspender temporalmente el ejercicio de sus funciones porque estaba decidido a no firmar la ley aunque eso conllevará la renuncia al trono. La decisión espoleó las conciencias, sí, pero también le ganó muchas críticas por quienes quisieron ver en su proceder un acto de intolerancia y falta de respeto hacia lo que una mayoría constituida legítimamente había decidido aprobar y el debía firmar. Poco le importó al monarca. Balduino hizo lo que todo político, lo que todo hombre de principios debía hacer: si la existencia sólo puede concebirse desde criterios morales conformes a unas convicciones, no pudo menos que asumir la situación con coherencia y negarse a firmar algo objetivamente malo aunque lo hubiese aprobado una mayoría por muy legítima y democráticamente elegida que estuviese.
Hace un par de años el caso de Rocco Butiglione llenó los diarios y programas
de tertulias de un buen número de países, sobre todo europeos. Ministro italiano de asuntos europeos, había sido presentado como candidato para asumir la comisaría europea de Justicia y Libertades Públicas pero el Parlamento Europeo rechazo su candidatura a causa de unas declaraciones sobre la homosexualidad: “Me preguntaron si yo creía que la homosexualidad es pecado y yo intenté no contestar, porque esa es una cuestión que no tiene trascendencia política y no se discute en el Parlamento Europeo, sino en un seminario filosófico o teológico. Y no contesté. Dije que era posible que yo pensara que la homosexualidad es un pecado, pero que eso no tiene ningún efecto político, porque yo estoy a favor de la no discriminación (…) Yo dije lo mínimo de lo mínimo que podía decir sin traicionar mi fe; quizás no soy un católico muy valiente, porque dije lo mínimo, pero no fue suficiente. Ellos querían que dijera que la homosexualidad no tiene ningún efecto moral negativo, y eso es una violación de la conciencia”. Le costó el rechazo pero asumió las consecuencias de su fidelidad a sus convicciones: “Yo quería ser comisario europeo porque creo que podía hacerlo muy bien y siempre he sido europeísta, pero en la vida hay cosas más importantes que la Unión Europea, y la conciencia es una de esas. Me pusieron en la necesidad de escoger entre mi puesto en la Comisión y mi conciencia, y creo que mi elección ha sido la justa. A Jerzy Popielusco lo mataron por su fe, yo he perdido solo un puesto en la Comisión Europea; no sé si Dios me hubiera dado fuerza suficiente para dar mi cabeza por mi fe, pero sí para dar un puesto en la Comisión Europea”, declaró a Cristina López Schlichting de la cadena COPE.
Un caso más reciente lo tenemos en el presidente de El Salvador, Antonio Elías Saca. Elías Saca ha reiterado su opción por la
defensa de la vida además de recomendar a sus colegas latinoamericanos poner atención al magisterio de Benedicto XVI especialmente sobre la defensa de la vida y el papel y vocación del político católico. Yendo contra corriente, y muy a pesar de las presiones por implementar el aborto, Saca ha declarado que los salvadoreños son un “ejército que defiende la vida” además de reafirmar que se opone al aborto “porque el aborto es un asesinato y no podemos estar de acuerdo con él”. Sus palabras le han ganado amenazas que van desde sanciones económicas a su país por parte del Banco Mundial hasta retirar programas de ayudas sanitarias y de alimentos por parte de algunos organismos de la Unión Europea.
Palabra dada: la fidelidad al juramento de Hipócrates
Aunque en otro campo, un gran ejemplo lo tenemos en Jerónimo Lejeune. Ferviente católico, padre de cinco hijos, profesor de
genética en la Facultad de Medicina de París y descubridor del gen de la trisonimía 21causante del síndrome de Down, el hallazgo le mereció, por un breve momento, ser reconocido como uno de los científicos más prestigiosos del mundo y, de no ser por su postura pro vida, seguro acreedor del Nobel. Su firme actitud anti aborto, radicada en profundas convicciones científicas y religiosas, le llevó al desprestigio y el ninguneo por parte de lobbys abortistas y buena parte de la comunidad científica mundial que veía en él un opositor a nuevas técnicas de experimentación que tomaban al hombre como conejillo de indias. Pero no medró ni un ápice. Fue propulsor y defensor en Francia de la Humanae Vitae de Pablo VI y de la Instrucción Donum Vitae sobre procreación artificial. En 1994, por sugerencia suya, Juan Pablo II creó la Academia Pontificia para la Vida de la que le nombró su primer presidente.
Más reciente es el caso del médico italiano Stefano Ojetti. En marzo pasado presentó su dimisión como consejero del Colegio de Médicos manifestando así su oposición a la decisión de sus colegas de hacer la vista gorda ante la eutanasia en Italia. En su carta dimitoria, el doctor Ojetti subrayó la convicción de que todo acto eugenésico está abiertamente en contra del juramento de Hipócrates y contra el código de deontología médica. L´osservatore romano, el rotativo de la Santa Sede, le dedicó un elogio en la edición italiana del 4 de marzo: “El gesto de Ojetti merece la más elevada consideración y tiene un valor ejemplar para quienes ejercen la profesión médica”. Y agregaba: “Al mismo tiempo, es un deber añadir una palabra de aliento para quienes, dentro de los órganos de decisión del Colegio de Médicos, siguen con su batalla en defensa de la vida, valor que hoy es sumamente atacado”.
Grandes responsabilidades
Tener las ideas claras, jerarquizadas y en su lugar, también puede llevara a hacer lo que el arzobispo de St. Louis Missouri. Monseñor Raymond Burke renunció a la presidencia de la Fundación Infantil Cardenal Glennon por incluir en un concierto benéfico a la cantante Sheryl Crow, conocida proselitista a favor del aborto. “Debo responder a Dios por la responsabilidad que tengo como arzobispo. Una institución católica en la que actúa una artista que promueve el mal moral da la impresión de que la Iglesia es inconsecuente con sus enseñanzas”. Y es que aunque alguno arguyó que no se trataba de ideologías sino de los niños, la presencia de una cantante como Crow era una afrenta a la identidad y misión de la fundación dedicada al servicio a la vida.
El arzobispo genovés y presidente de la conferencia episcopal italiana, Angelo Bagnasco, tampoco se ha dejado intimidar por las múltiples amenazas, incluso de muerte, por su postura de defensa a la familia y a la vida. Tras unas declaraciones en las que recordaba que no todo podía ser lícito so riesgo de caer en el relativismo, algunos grupos anónimos se han dedicado a pintar con amenazas e insultos la catedral genovesa y algunas calles de la ciudad. Pero Monseñor Bagnasco sigue firme en la defensa de la verdad, de la ley natural, aun a costa de la propia vida.
“A mis hijos los educo yo”
En febrero pasado tuvo resonancia internacional el caso del líder pro-vida mexicano Jorge Serrano Limón a quien se llegó a acusar de malversación de fondos. A pesar de que las difamaciones le llevaron a los juzgados, a pesar de que le hicieron pagar una multa de poco más de 120 mil dólares, de que le retiraron las subvenciones y le inhabilitaron para ejercer cualquier cargo público, no ha cedido: continúa en la denuncia de quienes promueven el aborto.
Pero lo de la defensa de los verdaderos principios no está reservado sólo a figuras públicas. Blanca María Ponce tiene 16 años y es la primera estudiante española que presenta una objeción de conciencia contra la asignatura “educación para la ciudadanía” impuesta por el gobierno socialista en España y ampliamente calificada como ideologizada. Como ella misma lo expresó: “Objeto porque quiero y porque puedo. Considero que a mí no me come el coco nadie, ni mucho menos el Estado. Creo que hay cosas que uno debe aprender en casa y no el en colegio…”. Ha contado con el apoyo de su madre, doña Margarita, quien en entrevista al semanario Alfa y Omega ha dicho claramente “A mis hijos los educo yo”. “El Estado pretende que los niños tengan una sola idea, una sola forma de pensar, cuadricularles la mente y quitarles la libertad. Quiere crear un patrón único por el que todos los niños piensen igual y crean lo mismo, para mal. Esta es una intromisión en toda regla, y además un abuso de poder. Esto es un abuso, un atropello”, ha enfatizado.
Ciertamente todos estos casos, y algunos otros que podríamos haber tocado, deben animarnos a defender nuestros valores, los verdaderos. Es agradable recibir noticias de testimonios como estos que dan un respiro de aire fresco, abren los horizontes, nos dicen que no estamos solos y que todavía hay esperanzas. Pero lo mejor de todo no es la consideración banal de que sabemos que hay quienes viven así sino el llamado y la vivencia a la que nosotros también debemos comprometernos. Es bueno que hayan individuos de principios pero lo mejor sería una sociedad entera viviéndolos.
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11 Junio 2007
Ocasiones perdidas
www.andalucialiberal.com
Uno va por el mundo - bueno, por la parte que a cada cual le toca - queriendo que todo le salga bien. Es natural que así sea y no lo contrario, aunque a veces la realidad nos hace ver la cantidad de tropiezos y pasos en falso que se dan. Hay infinidad de ocasiones en las que se pudo lograr una satisfacción pero algo se metió por medio y se deshizo el encanto. ¿Quién le iba a decir a mis amigos de Aragón que acabaría en empate el partido que el Zaragoza jugaba, en casa, con el Madrid?. Lo tenían ganado - no había más que ver la cara de los seguidores del equipo madrileño - pero en el último minuto el balón acabó dentro de la portería del Zaragoza. Fue de echarse a llorar para quienes habían perdido la ocasión de ganar. Y peor aún para el FC Barcelona que perdió la ocasión - también en el último minuto - de colocarse en el primer puesto de la clasificación. ¡Cómo duelen las ocasiones perdidas!.
Por lo menos hay que considerar que siempre se aprende cuando se pierde la ocasión de lograr algo bueno. Quizá hubo un exceso de confianza, cansancio o cualquier otra cosa negativa que, unido al afán del contrario por lograr un resultado favorable, dieron pie a que el éxito se les escapara. Seguro que en la próxima ocasión no me ocurrirá lo mismo, dice uno, pero conviene ejercitarse en las disciplinas que corresponda - materiales y espirituales - para fortalecerse y acudir con ánimo a ese campo de pruebas que para cada persona es el ir por el mundo. Ahí es donde hay que demostrar lo que realmente vale cada cual, tanto si pierde cómo si gana o hay equilibrio, un resultado medio que señala, cuando menos, que se ha intentado vencer pero que la valía de lo que se nos oponía era tan importante como la propia.
El domingo último vimos - por TV claro - la final de Roland Garros disputada
por dos tenistas extraordinarios: Nadal y Federer. Venció, con tesón y brillantez, nuestro compatriota, pero Federer también luchó, con fuerza y arte, disputando ese triunfo. Fue una magnífica muestra - completamente abierta a todo el mundo - de lo que dos personas, desde campos contrarios, argumentaron a lo largo de mucho tiempo para hacerse con el trofeo de tan importante torneo. Y terminaron tan amigos y dedicándose sinceros halagos uno al otro. Fue un ejemplo para todo el mundo, tanto por su intenso y excelente trabajo, como por la delicadeza de sus expresiones de respeto y admiración. No perdieron la ocasión y mostraron cómo han de comportarse, en todo momento, quienes compiten por lograr el mejor triunfo.
No conozco, en el momento que escribo, cómo se ha desarrollado la entrevista, en Moncloa, de los señores Rodríguez Zapatero y Rajoy. Creo que produciría una gran satisfacción general que hubiera sido como lo fue el encuentro entre Nadal y Federer.
Con limpieza y a la vista de árbitros imparciales. Con entrega a los verdaderos intereses de España y con firmeza en sus exposiciones, sin menoscabo de la delicadeza en el trato. ¡Que no sea una ocasión perdida!.
Manuel de la Hera Pacheco.- 11.Junio.2007
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1 Junio 2007
Es tiempo de decisiones
Siempre hay que estar decidiendo o, cuando menos, preparado para decidir. Las cuestiones que han de ser afrontadas, por cada persona, se presentan una tras otra casi sin solución de continuidad y hay que resolver sobre la marcha y ésta no siempre la fija uno mismo sino otros. Y no sólo hay cuestiones que afectan a una sola persona, sino que hay otras muchas que tienen carácter colectivo, social, de conjunto, global o de cualquier otra denominación que, todas ellas, implican la necesidad de estar al día en esas cuestiones que son complejas y en ocasiones muy complicadas. Hay que entrar en ellas con ánimo decidido de conocerlas con exactitud, a sabiendas que ello supone esfuerzo y hasta disminuir algún que otro tiempo de descanso o recreo. Es mucho lo que hay que dar de sí, cada día más, pero debe alentarnos el saber que ese esfuerzo, duro a veces, beneficia al conjunto de la sociedad.
Se trata de mejorar y tener a punto, en cada momento, la capacidad de
reacción de la sociedad para que, en todo tiempo y cualesquiera que sean las circunstancias, no se sufran daños de consideración y tampoco otros que pudieran ser menos importantes. La sociedad se debilita cuando deja de observar y analizar lo que hay más allá del momento presente, mecida en el disfrute de unas buenas condiciones actuales y sin preocuparse por la solidez de los fundamentos de esa situación. La vida de la sociedad, como la de la persona, se desarrolla día a día, con su amanecida y su ocaso, con su ilusión y en ocasiones fracaso, con sus signos de afirmación y también de negación. El análisis sereno y profundo de todo cuanto rodea a la sociedad, de la que se es parte, es obligación para que toda persona pueda decidir justamente.
Es hora de saber, con claridad, hacia donde se quiere ir. Las nebulosas no ofrecen las necesarias condiciones de seguridad para encaminar hacia ellas a toda una sociedad: sería un engaño de consecuencias nada gratas. Las decisiones que se necesitan han de estar basadas en bases muy bien aseguradas. No es tiempo para actuar improvisando. Los puntos de vista, personales o de grupo, han de someterse a una evaluación constante con lo que la realidad va mostrando y con los argumentos que ofrecen otros puntos de vista. No se puede hablar de la atención a la sociedad si no se valora, adecuadamente, todo cuanto en ella existe o se hace notar. La necesidad de decidir bien, que es obligación básica para toda persona libre amante de esa condición, requiere que se analice muy seriamente y con el máximo detalle todo cuanto se refiere a esa necesaria libertad. La dignidad de la persona así lo demanda.
Hoy día es necesario salir fuera de uno mismo, tanto para aprender como para poder dar a conocer lo que otros pueden, tal vez, ignorar. La relación humana es fundamental para el desarrollo de toda sociedad que ame la libertad.
Es tiempo de decisiones; es tiempo de abrir el corazón y la mente para mejor comprender cuanto en el mundo ocurre y ayudar a vivir con la dignidad de personas libres.
Manuel de la Hera Pacheco.- 1.Junio.2007
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24 Abril 2007
Andalucía Liberal: A María San Gil.
Admirada María San Gil. ¡Cuánto siento que el cáncer la haya visitado…!; mas espero que se aleje pronto de su vera. Mi esperanza, y seguro que la de muchos, no se funda sólo en los grandes adelantos de la Ciencia, sino,
sobre todo,
A María San Gil.
Admirada María San Gil. ¡Cuánto siento que el cáncer la haya visitado…!; mas espero que se aleje pronto de su vera. Mi esperanza, y seguro que la de muchos, no se funda sólo en los grandes adelantos de la Ciencia, sino, sobre todo, en el poder de Dios. Su salud, señorita San Gil, es un bien para todos: para los de la derecha y para los de la izquierda,
para los independientes y para los alejados de la política, para todos lo españoles, en suma.
Es usted ese tipo de personas que, aun estando lejos, se las siente cerca, y estando cerca se hacen imprescindibles. Sí, María,
es usted muy querida. ¿ Con qué española de nuestro tiempo, podría yo compararla? ¿Quizá, entre otras, con la batalladora Loyola de Palacios, o con la tenaz Gotzone Mora, o con la valiente Rosa Díez? Nuestro cariño usted se lo ha ganado a pulso en su lucha sin titubeos contra el terrorismo bribón, con su bravura invicta contra los enemigos de la libertad.
Espero
verla de nuevo ante las cámaras anunciando su vuelta activa a la política, esa actividad que en usted es vocación y que, ejecutada con honradez y espíritu de servicio, es “la forma más alta de caridad”, como afirmaron Pablo VI y Juan Pablo II y ahora repite elSanto Padre Benedicto XVI.
María F. Vicente
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22 Marzo 2007
Razón y prudencia
Es bueno, para cualquier persona, hacer lo posible para que la mente vuelva a nutrirse en los libros que fundamentaron su formación. No es preciso para ello mucho tiempo, pero sí conviene que sea una práctica habitual; tanto mejor si se hace a diario. Es que con el paso del tiempo las cosas se nos olvidan o sufren deformaciones. Es mucha la presión que, desde muy diferentes ángulos, se hace sobre nuestro entendimiento. Presión que nos llega envuelta en oratoria incisiva o en escritos seductores y también en imágenes escogidas para el impacto que se trata de conseguir, que no es otro que el dominio sobre la voluntad de la gente. Volver a avivar los principios formativos, los de las raíces sanas y profundas, es una salvaguarda de la libertad personal, a la que toda persona tiene derecho y también obligación de defender.
Hace poco leí, en uno de esos libros, que la misión del hombre (del ser humano en general) es alcanzar la felicidad y que ésta está en hacer bien cada cosa, aunque cueste mucho sacrificio y renuncia de apetitos que se cruzan en ese camino. Entre los ejemplos que sacaba a relucir estaba el de los que se dedican a la política, señalando que deben gobernar bien la comunidad. Esto está hoy de primerísima actualidad ya que hay criterios opuestos en el sentir de la sociedad. ¿Es el bien de la sociedad lo que se trata de defender o tal vez es un criterio personal y hasta equivocado?. Para alcanzar el bien de la sociedad, la razón de quien gobierna ha de conocer con exactitud cual es ese bien, dejando paso inmediato a la prudencia, que señalará el modo mejor en que se debe actuar para conseguir el fin señalado.
Cuando no se sigue ese proceso se producen perturbaciones en la sociedad, tal como es el caso actual. Se señalan unos objetivos difusos y cuando se demanda mayor claridad y concisión no se logran las seguridades requeridas. No se sabe cuál es la meta que se pretende y tampoco los pasos a dar hasta lograrla. Se teme que, así, se cometan graves errores y mucha gente insiste en que sean atendidas sus observaciones, que pueden ser tan sensatas y adecuadas como las de otros grupos. Pretender no tomar en consideración la aportación de esas voces, estableciendo, incluso, barreras artificiales de mayorías parlamentarias, no es la mejor garantía de que el fin propuesto sea el del bien que toda la sociedad merece.
Razón y prudencia que han de ir siempre de la mano, en un proceso de mutua y serena aportación. De justa apreciación en cada caso, tanto para lo que haya de ser logrado cómo para la forma y el momento en que deban ser dados los pasos que sean necesarios hasta la consecución de ese fin.
Viene bien y hasta es necesario volver a repasar esos libros en cuyas páginas se encuentran los fundamentos de la formación moral del hombre. En ellos hay ideas claras que se ofrecen como la mejor agua que puedan apetecer quienes tienen sed de amor a la verdad y, en consecuencia, a la libertad.
Manuel de la Hera Pacheco.- 21.Marzo.2007
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20 Marzo 2007
9 Marzo 2007
Ignorancias culpables
Hay muchas ignorancias culpables. Porque es más fácil vivir con prisa y seguir las propias “corazonadas” que buscar en profundidad lo que sea verdaderamente justo y bueno...
Ignorancias culpables
Fernando Pascual
¿Existen ignorancias culpables? O, en otras palabras, ¿existe
obligación de saber ciertas cosas?
La respuesta a la segunda pregunta lleva a la respuesta a la
primera: si hay obligación de saber algo antes de actuar, entonces habría
ignorancias culpables.
Podemos decir, con certeza, que sí existen ignorancias culpables.
Porque todos estamos obligados a conocer cuáles son los deberes y responsabilidades que nos corresponden como hijos, como esposos o padres, como miembros de la sociedad, como profesionistas, como católicos.
Es culpable la ignorancia de los novios que no han reflexionado en
serio si aceptan al otro en sus cualidades y en sus defectos, que no se plantean si son capaces de vivir como esposos y como padres hasta que la muerte los separe.
Es culpable la ignorancia de unos padres que no buscan el mejor
modo para cuidar, curar, educar y orientar a los hijos en el camino de la vida.
Como también es culpable la ignorancia de los hijos que prefieren estar ocupados con juegos electrónicos o con otras diversiones en vez de conocer y tomarse en serio sus deberes hacia los padres, hacia los estudios, hacia los amigos, hacia la sociedad.
Es culpable la ignorancia de quien usa desconsideradamente su
dinero en apuestas que ponen en peligro el patrimonio familiar, sin reflexionar primero sobre los muchos peligros de los abusos en este campo.
Es culpable la ignorancia del médico que comete errores por no
haber querido actualizar su saber, por haber optado por hacer un diagnóstico rápido en vez de controlar seriamente todos los datos, por secundar los deseos de un paciente en vez de preguntarse si tales deseos estaban o no de acuerdo con
la deontología médica y con las leyes justas de un pueblo.
Es culpable la ignorancia del político que no reflexiona a fondo
acerca de las consecuencias de sus decisiones para el bien de la gente, especialmente de los más pobres, de los ancianos, de los enfermos, de los niños.
Es culpable la ignorancia de un católico que no trabaja por conocer su fe, que no lee con una buena guía la Biblia, que no consulta a sacerdotes o laicos bien preparados, que no se pregunta si sea o no sea pecado el emborracharse, el abusar de la comida o del tabaco, el consumir drogas, el entregarse a caprichos sexuales, el vivir sin responsabilidad respecto al
ambiente, al orden público, a la lucha por la justicia en su propio país y en el mundo globalizado.
Es culpable la ignorancia de quien llega a descubrir que muchas
noticias divulgadas por la prensa sobre la Iglesia son falsas o distorsionadas pero no pone medios concretos para llegar a conocer de primera mano la doctrina católica o las intervenciones del Papa y de los obispos.
Hay muchas ignorancias culpables. Porque es más fácil vivir con
prisa y seguir las propias “corazonadas” que buscar en profundidad lo que sea verdaderamente justo y bueno. Porque las pasiones presionan de mil modos para que no reflexionemos sobre nuestros actos y para que sigamos al instinto antes que a la voz de la conciencia bien informada. Porque la misma sociedad difunde continuamente ideas erróneas sobre el bien y sobre el mal, y cuesta mucho luchar contra corriente para decidir no según las modas sino según una vida deseosa de buscar a la verdad del Evangelio, configurada según las enseñanzas del Maestro y
de su Iglesia.
Hay ignorancias culpables, y pueden ser vencidas. Con más
honestidad, con humildad sincera, con un profundo deseo de ser buenos, con el compromiso práctico por estudiar los principios éticos y las enseñanzas de la Iglesia. De este modo, habrá menos ignorancias culpables. Habrá, sobre todo, más hombres y mujeres comprometidos seriamente a vivir y testimoniar las bellezas
del cristianismo, entregados con toda su mente y con todo su corazón al verdadero amor a Dios y al hermano.
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